Desde el convento carmelita de San José, enclavado en el exuberante valle por donde discurre el río Batuecas, parte un sendero que nos conduce al "Canchal de las Cabras Pintadas", el primero de los varios abrigos con pinturas rupestres en buen estado de conservación que podremos descubrir en esta peculiar ruta.
He de reconocer, no obstante, que la belleza del entorno, el cautivador sonido del brioso río con varias pozas aptas para el baño, varios árboles singulares de enorme tamaño (tejo, castaño, pino y eucalipto), y otros encantos naturales del lugar, me parecieron alicientes más poderosos que las propias pinturas, pues los grabados (cabras, peces,...) no se perciben con evidente claridad.
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Detalle del camino |
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Canchal de las Cabras Pintadas |
Para acceder al monasterio, hay habilitado un aparcamiento en la carretera a algo más de 1 km de distancia, donde comienza la ruta con buena sombra por la profusa y variada vegetación. Después, se pasa por un aparcamiento para minusválidos (aquí comienza un tramo del sendero que está acondicionado para sillas con ruedas) y se continúa hasta llegar a un puente, que atravesaremos para tomar una pista de tierra que nos conduce al monasterio, donde seguiremos río arriba hasta el primer abrigo (a una media hora del monasterio).